Suenas terrible
y en el cansancio das miedo.
A lo fácil, siempre con lo fácil.
Había paisajes, había olas,
había ruidos, había.
¿Ahora qué?
Nada.
¿Cómo te sientes?
Fatal.
Engañarse a uno mismo es absurdo
antes o después te entra la lucidez.
Somos fábricas de palabras,
que vienen, suenan, se van.
Unas desvanecen sin llegar a un receptor.
Algunas sirven y cumplen su función.
Otras suenan terribles y no se olvidan.
sábado, 7 de febrero de 2009
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